
Julio Cortázar es un escritor argentino. Un creador de la palabra. No sólo las repite, sino que fue capaz de inventar nuevos términos para identificar a sus personajes. Uno de esos términos es la palabra Cronopio. La definición exacta de esa palabra es TÚ (con mayúscula), ser único, que se ve invadido por el mundo, y que él/ella, intenta darle coherencia a todas esas cosas de la vida, que nos esperan, que nos arremeten, que nos sorprenden, que nos dejan llenos de alegría o a veces nos inundan de tristezas o de miedos. Cronopio, desde una postura casi ingenua, enfrenta esto de jugar a la vida y lo hace ser querible, vulnerable, incomprensiblemente transparente y digno/a.
Por ello queremos compartir contigo el siguiente cuento que nos habla de cómo son los cronopios. También aparecen amigos/as nuestros/as, los famas y las esperanzas, pero ellos, pertenecen a otro capítulo. Te presentamos el cuento Viajes; de un nuevo amigo: Julio Cortázar.
Viajes.-
Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.
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